Ver todas las entradas

Instrucción 4. Punto HUM (Hágalo Usted Mism@)

POR VICKY MOLINA

Coja la bayeta. Muévala como si estuviera despidiéndose de alguien. Eso es. Siga agitándola con brío y quite esa cara de pena. Termine de despedirse. Se está extendiendo demasiado. Dígase adiós. A usted mismo. Entienda que no tiene sentido alargar la frustración si realmente no cuenta con fondos para contratar a un empleado del hogar. Siga moviendo la bayeta. Ponga música. ¡Baile! Con más ganas. Y si no es mucho pedir, engrase el músculo risorio. Usted es capaz de convertir cualquier lugar bajo sus pies en una pista de baile. (Recuerde que no podría ir a una discoteca aunque quisiera). No se resista.

Piense que el orden y la limpieza también pondrán en orden su convivencia con el espacio. Siéntase útil.

Por favor. Ponga su atención en lo que hace. Aprecie el espacio que ocupa una mota de polvo. Piel de su mano izquierda, la mosca que sigue surcando el espacio aéreo de su cocina, Miki el gato y el pan de ayer están contenidos en ese diminuto universo que usted debe aniquilar. No se ponga ahora sentimental.

Veo que le cuesta mantener la sonrisa: Dé un salto y grite. Se permiten alaridos.

No deje de bailar. Dé pasos cortos. Así-Así-Así.

Y Uno

Y Dos

¡Y Un-dos-tres!

Busque la originalidad de sus movimientos. No le cuesta tanto girar la muñeca para pasar el trapo con cierta gracia sobre los muebles que, ojo al dato, constituyen su hogar.

Diríjase a la cocina. Sí, ese balanceo de sus caderas es adecuado para el trayecto, no voy a cebarme en los detalles técnicos sobre cómo acompañan sus pies. Está solo.

Deje de bailar (reflexione en caso de que lo hubiera hecho ya hace un rato por falta de fondo físico).

Primero piense qué plato haría feliz a su comensal o a usted mismo. Piense en una canción que le guste. Rápido.

Esa no. Otra.

Cante alto. Gallos, gorjeos, improvisación con agudos -y de paso se quita de en medio la cristalería demodé que solo usa en Navidad-: todo vale. Una canción debe seguir a otra. Si su playlist entra en bucle, no se preocupe por eso. Y huela, ¿no se da cuenta? ¡Huela! El pimiento, la cebolla –sin dramatizar-, la patata, chupe el tomate, cierre los ojos. ¡Otra canción! Su mente nunca debe desbocarse para que consiga acabar el plato y que no le caiga en el estómago con un rayo.

Cuando esté sentado a la mesa, mire a su alrededor y permítase el orgullo. “¡Pero qué bien lo he hecho!, qué gusto da estar en casa”. Dese una palmadita –mental- en la espalda. Se me había olvidado: deje de cantar, por Dios. Recuerde: mientras yante, no cante.

Repita el protocolo indicado cada vez que le toque realizar estas tareas. Durante seis meses. Es importante que a la par vaya destinando una parte de sus ganancias al ahorro. Piense dónde le gustaría viajar. No hace falta que vaya muy lejos. Eso sí. Imagínese en una gran habitación de hotel con todo incluido. Cama con colchón 2×2. Spa, spa también. (Y un masaje de 45 minutos si insiste). Si pasados estos seis meses la mala leche no ha desaparecido, tendrá que usar los ahorros. La posible contratación de personal externo no queda descartada. Usted decide en qué gasta su dinero.

Instrucciones solicitadas por por Mariluz T. “para que se le quite la mala leche cuando toca limpiar y cocinar”.

Cuéntanos tu problema, el grupo literario BOCACALLE te dará el manual de instrucciones más exclusivo.

Contacta con punto HUM y mándanos tu propuesta a blogateneomalaga@gmail.com

 A los problemas, PUNTO HUM.


Vocalía de Acción Literaria del Ateneo de Málaga

Deja tu comentario