El jueves 9 de abril inauguramos, en La Antesala del Ateneo, la exposición TRÁNSITO. Helios 44M, el último proyecto del fotógrafo Paco Negre.
A través de 9 imágenes de gran formato, conformadas en trípticos, el artista ha reunido en esta hipnótica exposición una serie de momentos existenciales que pueden atravesarnos a lo largo de la vida, trabajados como si de un sueño se tratase.
Comisariada por Guillermo Busutil, la obra cuenta con la colaboración de los artistas plásticos Aixa Portero, Esperanza Gómez Carrera, Belén Millán, Charo Carrera, Chema Lumbreras, Rafael Alvarado, Fernando de la Rosa, Sebastián Navas y Lorenzo Saval, que han intervenido cada uno de ellos el espacio circundante de una fotografía, convirtiéndola en una pieza única.
El acto de inauguración se realizará a las 19 horas en el salón de actos del Ateneo.
La muestra puede visitarse desde el 9 de abril hasta el 29 de mayo, en horario de 12:00 a 14 y de 18 a 21 horas, de lunes a viernes, excepto festivos.
EL BOSQUE INTERIOR
Guillermo Busutil
Comisario de la exposición
El túnel es el ojo oscuro de un tránsito de tiempo. Muchas veces es rectangular como un camino entre la luz que abre y muda en la luz de salida. El túnel puede ser también redondo. Igual que la pupila de una cámara que mira sigilosa, abierto el diafragma, la precisión del foco en una figura que comienza a disolverse. Un desenfoque que no es vacío, sino un bokeh suave, envolvente, que convierte el entorno en atmósfera y lo nítido lo hace presente. Es la manera con la que la cámara imita cómo recordamos.
Un túnel no está reñido con ser un bosque. Su espacio representa la psique donde habitan contornos difusos, los miedos privados, los íntimos deseos, verdades aplazadas, las ramas de los recuerdos. Es el lugar donde las sombras extravían el paso, en el que nos arriesgamos a perdernos con la esperanza de reencontrarnos. Cómo en los túneles, siempre hay una promesa de salida. Porque, al igual que en los bosques, lo visible es sólo una parte. Lo que no vemos es lo que realmente importa. En ese punto exacto es donde la luz deja de ser un límite, y se convierte en tránsito.
Las personas abarcan cambios profundos a lo largo de la existencia, incluyendo la evolución de la vida, la transformación de la identidad, la mutación de las emociones, los vínculos que nos definen, los eclipses del yo, el último sendero. Estados que Paco Negre ha reunido en esta hipnótica e inspiradora exposición donde coloca nuestra mirada delante del amor, ese acontecimiento que desordena la biografía. De la pérdida que supone un vacío con forma precisa, y grande la cicatriz de la boca del dolor. Nadie más cabe en ese hueco. De la ruptura como un cuarto lleno de ecos de soledades confundidas, sin respiración compartida y en algunos casos con el nudo indisoluble de un fruto. Del cambio de vida para reescribir su argumento, conferirle personalidad al futuro. A veces voluntariamente. Otras porque las circunstancias y las exigencias nos empujan. Del amor maduro cuando dos personas se reencuentran después de muchos años, y no se miran solo a los ojos, se miran a través del tiempo. Sobre el conocimiento de que somos finitos y vuelve preciosa la tarde, el abrazo, el café compartido, la conversación cómplice. La mirada del que fuimos, la del presente que nos prolonga, la del que reordena la memoria o de quien se adentra en el nirvana del tiempo.
A cada proceso y movimiento constante, tanto a nivel físico como ontológico, Paco Negre le ha buscado personas reales que transfigura en personajes luminosos de estos poemas. Sabemos sus nombres, pero es imposible ver la cara de las emociones de cada uno. No son retratos, sino construcciones ópticas de sujetos en tres posiciones, cada una con un grado distinto de presencia y proximidad, sugiriendo una secuencia temporal o estados sucesivos de conciencia. De hecho, consigue con un leve desplazamiento durante la exposición —vertical, radial o longitudinal— un efecto de arrastre que simula el tránsito dentro de un túnel. Las luces se estiran, los contornos se suavizan, la figura deja de ser la persona concreta y se convierte en una imagen onírica.
Me gustan estas bellas, sutiles, magnéticas fotografías de psicología visual. El lirismo que emerge de su manera de manejar el desenfoque generalizado, y la ausencia de líneas definidas para crear un efecto de texturas vaporosas, casi pictóricas. La cámara no registra detalles, sino atmósferas en torno a las figuras con sus emociones en bruma, transmutados en hermosos fantasmas entre un estado de fuga o de felicidad. Todos equilibristas, deslumbrados, suspendidos de un hilo, como si cada uno se fugase del instante donde fueron nítidos o una narración de ellos mismos, a un pie de alcanzar su sueño de una palabra. La metamorfosis de una liberación, una conciencia expandida. El horizonte se abre.
Hay que aplaudir su sensibilidad y su creatividad para conseguirlo. Para reconfigurar el espacio, el túnel, en umbral y el cuerpo, en emoción suspendida, como si lo que estamos viendo no fuera exactamente una escena, sino el eco de algo que está ocurriendo dentro.
Los dos hemos querido, en nuestro diálogo de colaboración, transformar el caleidoscopio de cada fotografía, su secuencia cinematográfica, en un juego plástico. El espacio en blanco que ribetea la imagen es silencio, pausa, delimitación, pero al invitar a nueve pintores a intervenirlo ese silencio deja de ser neutro y se convierte en territorio fértil. El marco ya no es límite, es umbral.
Los artistas plásticos Aixa Portero, Esperanza Gómez Carrera, Belén Millán, Charo Carrera, Chema Lumbreras, Rafael Alvarado, Fernando de la Rosa, Sebastián Navas y Lorenzo Saval, desde su gesto, con su trazo, su estética, tenían libertad para expandir su fotografía, contradecirla, subrayarla, tensionarla, formar parte de la misma. Lo importante era el diálogo entre lo capturado y lo creado. Converger el trabajo de la fotografía con lo que estuvo allí, y el trabajo de la pintura con lo que podría estar.
El resultado es fantástico y enriquecedor. El marco intervenido se transformó en un lienzo periférico donde la estética del pintor respira su propio universo. Desde lo conceptual, esta invitación rompe la idea de obra cerrada. La fotografía deja de ser definitiva. Se vuelve permeable. Se expande.
Tránsitos, Helios 44M nos revela a Paco Negre como un poeta de la fotografía. Y a la vez la transforma en terapia visual: muestra que avanzamos con todo lo que somos, y entendemos que estamos listos para seguir.
Un paso más, el otro lado, la cicatriz. La introspección de la luz. El beso. Un nuevo yo.
Sobre el autor
Paco Negre lleva sumergido en la fotografía de manera continuada desde 2011, año en el que reinicia sus trabajos, después de muchos años de inactividad, realizando desde entonces una intensa actividad principalmente documental, realizando trabajos como «la arquitectura de Chicago (EEUU), La Peregrinación de Qoyllur Riti, El Corpus Cristi en Cusco, El Tinku de Macha en Bolivia, la problemática de la violencia sobre la mujer en la Republica Democrática del Congo, Las Luminarias en San Bartolomé de Pinares (Avila), entre otros muchos, todos ellos publicados en revistas de fotografía.
Paralelamente, ha realizado diversas exposiciones, como BAAL MA (2014) y MUJERES EN EL LABERINTO (2017) en la Sala de exposición del Rectorado de la UMA; POETICAS DE LA CIUDAD Centro cultural María Victoria Atencia de la Diputación de Málaga (2020); ASPERONES LA DIGNIDAD OLVIDADA. Espacio Cero del Contenedor cultural de la UMA (2021) o EL ARTISTA EN SU LABORATORIO, Salas Mingorance del Archivo Municipal de Málaga (2023), entre otras.
En 2017 comisaria la exposición COMO DOS GOTAS DE POESIA, celebrada en el Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia.
Además, ha impartido los seminarios :
“La fotografía ante la violencia de género como arma de guerra en Congo”.
Departamentos de Historia Moderna y Contemporánea y Departamento de Ciencias de la Comunicación en la UMA (2017).
– “Reportaje y comisariado fotográfico” . Colectivo Imagen (2017)
