“Atrapavientos” despliega un corpus de ensamblajes de códigos físicos y visuales, un paisaje escultórico de figuras abstractas a caballo entre lo virtual y lo real. Con tal fantástica denominación la exposición presenta ocho esculturas inéditas y una de la serie expuesta en 2016 en la Sala Alta del Palacio de los Condes de Gabia, en Granada.
La idea de “Atrapar el viento”, sugiere un juego quimérico, una ilusión, una paradoja literal entre el verbo atrapar, que significa aprisionar – privar de libertad a alguien o algo- y el fenómeno atmosférico del viento que acentúa lo inaprensible. En el contexto espacial -atrapar el viento – es una misión imposible, una escena figuradamente ficticia afectada por la cualidad de la materia. Sensorialmente coexiste una traza de fragilidad aparente transformada en geometría perfecta, asociada al universo gorafeño.
Estos originales artificios poseen una condición específica: un entramado de varillas de acero con ausencia de color; el matiz del gris neutro acentúa la naturaleza plúmbea de estas complejas y etéreas formas, como dibujos en el aire. La exposición incorpora un video-arte de un cielo azul intenso con nubes en movimiento, un espacio fluido celeste con esculturas etéreas, metáfora de un lugar de contemplación infinito. La perspectiva visual de estos artilugios suspendidos o sedentes concierta una sutil atmósfera.
Extraordinariamente estas arquitecturas ligeras surgen por medio de la manipulación de un amasijo de varillas de acero unidas manualmente con elementos metálicos sin maniobra forzada a partir de un concepto formal. Por otra parte, la simetría de estas obras transciende la intención original de transformación de la materia. La abstracción de estas figuras nubosas gravitando en el espacio como objetos cósmicos apunta a un fenómeno expandido entre la ciencia y el arte, a través del cual Alejandro Gorafe parece formular la serie escultórica desde una variable de la física moderna (que se ocupa del quanto, partícula indivisible de la energía), en un intento de traspasar los límites de la materia y representar el vacío.
Al observar el entramado de las esculturas y la estructura geométrica que las contiene podríamos hablar de geoesculturas, similitud que adquieren por las formas geodésicas, semejante a las divisiones geográficas de la tierra. Sin embargo estos instrumentos tridimensionales adquieren corporeidad a partir de una idea sagazmente manifestada en un universo imaginario. La serie fascina desde el momento que percibimos el título en clave de humor inteligente y fina ironía. La imagen de la banderola muestra un retrato de Alejandro Gorafe -hecho por Javier Algarra- en el interior de una de las esculturas invita a la reflexión y al silencio en este complejo mundo contemporáneo.
Gorafe maneja los postulados del arte con total precisión y desvela el contrapunto de los opuestos: tangible e intangible, transparencia y opacidad, desde una visión lúcida, sin abandonar la idea de ensueño y utopía. Esta serie es casi imposible de clasificar, sin pensar en la influencia que el surrealismo tiene en el autor, y en cierto modo en los móviles de Alexander Calder. Referencias a las vanguardias, que por otra parte nos separan de la realidad híbrida del arte actual y de las cualidades de la obra del artista como testigo de su tiempo.
“Atrapavientos” contiene el poder fisicista de transformar la materia y la forma, la capacidad de idear y ejecutar de un modo simultáneo. El uso de varillas de acero acentúa la naturaleza objetual de las esculturas a partir de una idea sabiamente formulada.
Esencialmente, en la amplia trayectoria de su carrera, encontramos una característica constante: la necesidad de innovar, y llegamos a la certeza de que Alejandro Gorafe investiga y crea como si tratara de reinventar un juego, porque para un ingenioso, “el juego” es lo que importa. Un juego lúcido, abierto al diálogo con el espectador. Una oda a la libertad y la autonomía en el arte.
– Concha Hermano
El verdadero nombre de este artista granadino era Alejandro García del Saz (1962-2024). Sustituyó sus apellidos reales por Gorafe, su tierra natal, como nombre artístico.
Gorafe era el director de la galería de arte Arrabal & Cía, y encargado de exposiciones en el Centro de Estudios Lorquianos de Fuente Vaqueros, además de ser un artista reconocido a nivel internacional tras exponer sus obras en la feria internacional de París, en el Art Chicago, el ARCO de Madrid con la galería Sandunga, entre otras galerías de renombre.
Abanderó un lenguaje escultórico nuevo, diferente, abierto y transgresor. Encontró caminos que revolucionaron el propio concepto de la escultura. Su obra ha conseguido establecer nuevos registros y genera una filosofía estética distinta a la habitual.
Durante su carrera, Gorafe ha desarrollado un credo artístico que conquistaba parcelas de poder conceptual desde unos mínimos materiales que él elevaba a la máxima categoría formal.
El crítico Bernardo Palomo definía a Gorafe como un artista «total, diferente y con una absoluta capacidad creativa».