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La caja de resonancia de la igualdad

Por MARÍA LUISA BALAGUER

El feminismo en el siglo XXI. Del MeToo al queer es una obra que analiza el momento en el que se encuentra hoy el feminismo en relación con las dos nuevas situaciones que tienen lugar en los últimos años: de una parte la que ha creado el fenómeno del #MeToo, más allá del hecho desencadenante que tuvo lugar con ocasión de la situación creada en EE.UU que se extiende mundialmente y tiene por lo tanto repercusión en Europa y en España, y de la otra el movimiento Queer, que parece desgajarse de la relación que los movimientos gays y feminista tuvieron en España desde los últimos años del franquismo, y cuya separación puede lesionar algunos de los derechos conseguidos por el feminismo desde el último tercio del siglo veinte hasta ahora.

El feminismo fin de siglo se despidió en nuestro estado con una agenda reivindicativa de naturaleza legislativa apremiada por distintas exigencias: la de regular la erradicación de la violencia contra las mujeres, con altísimos porcentajes de víctimas de asesinatos machistas; modificar el código penal en materia de abusos sexuales, malos tratos, violaciones y crecimiento alarmante de la prostitución, matrimonios igualitarios para personas del mismo sexo; reconocimiento de la diversidad sexual y otras muchas modificaciones legislativas atinentes a la igualdad laboral, permisos de paternidad y maternidad y acciones positivas de favorecimiento de la igualdad real.

En el siglo XXI el #MeToo surge como es sabido por la irrupción de una serie secuenciada de noticias, acerca de los abusos sexuales y violaciones que se producen en el mundo del cine y del espectáculo en EE.UU. y que se hacen públicas en fechas muy próximas a las de la Gala de los Oscars del año 2017, de manera que su repercusión mediática es exponencial.

La circunstancia de su proximidad a la celebración del día 8 de marzo contribuye a su difusión y la oportunidad de la convocatoria de una huelga general de las mujeres para ese día, opera como caja de resonancia a nivel mundial y descubre un sentimiento generalizado, poco conocido hasta ese momento de que la conciencia feminista era mucho mayor de lo que socialmente se había venido manifestado. Así, de un movimiento feminista relativamente homogéneo, en parte académico, militante, o integrado en asociaciones políticas, profesionales o de manera quizás un poco residual en algunos partidos políticos u organizaciones sindicales, pasa a evidenciarse un sentimiento generalizado de reivindicación de la igualdad con un efecto extraordinariamente contaminante en toda la sociedad que traspasa la edad, la condición social y el sexo.

De una concepción casi residual que abarca sectores de mujeres determinados por una edad, una ideología y un estatus sociales, se pasa a la universalización del feminismo que ya no se cuestiona como exigencia social, y al que se adscriben también los hombres y las mujeres ejecutivas de alto nivel profesional que lo habían venido considerando innecesario para quienes tenían talento propio, de manera que a partir de esta fecha, solo sectores ideológicamente muy reaccionarios se atreverán a pronunciarse en su contra.

El otro acontecimiento hace referencia a la irrupción igualmente sorpresiva del movimiento Queer que en los últimos años se posiciona con un activismo político que, este sí, se adentra de inmediato en la reivindicación jurídica y desde los organismos internacionales obtiene un amplio reconocimiento normativo de grupo discriminado con efectos irradiados a la legislación europea y en nuestro caso a las CC.AA del estado de manera que la presión a una legislación estatal aparece ahora y despierta en el movimiento feminista una inquietud que en algún caso se considera de supervivencia.

Una buena parte de la agenda del feminismo fin de siglo era compartida con otros movimientos sociales y políticos, y desde luego con el entonces grupo LGTB. El matrimonio igualitario, el reconocimiento de la diversidad sexual, o la erradicación de la discriminación en el trabajo por causa de la orientación sexual. Ahora en cambio, el movimiento LGTBIQ contradice la agenda feminista en aspectos muy centrales de ese feminismo jurídico. Claramente en lo que se refiere a la maternidad subrogada que se considera una reivindicación de este grupo, aunque no haya quizás una clara unanimidad, como en la prostitución de la que no se consideran abolicionistas, y lo que constituye un factor de extraordinaria importancia como es el diferente significado que atribuyen a conceptos como el género, la virtualidad performativa del sentimiento identitario del sexo, la negación del sujeto de las mujeres en disolución por la sustitución de un número indiferenciado e indeterminado de personas mutantes.

El movimiento queer reivindica un reconocimiento como sujeto de la diversidad sexual que muestra importantes diferencias con una parte mayoritaria hasta ahora del feminismo más académico, y el desencuentro teórico produce un distanciamiento en las estrategias y en la agencia que crea un escenario nuevo y abre distintas posibilidades de solución. La idea de que un grupo organizado en un movimiento y sustentado por una teoría política, inste una ley de protección de sus derechos a los poderes públicos está dotada de total legitimidad desde la concepción del constitucionalismo del estado social, que precisamente surge como una alianza de los diferentes intereses en juego. La esencia de los estados sociales actuales que sustituyeron a los anteriores modelos europeos del liberalismo está en que se dotan de una constitución normativa que es el resultado de un pacto social entre los diferentes intereses sociales de los grupos que constituyen esa sociedad. Y el límite del juego político es el de la conformidad de las normas con el contenido constitucional acordado. Por lo tanto, estos grupos tienen todo el derecho a exigir del Estado una legislación que les reconozca su libre desarrollo de la personalidad.

Lo que pretende este ensayo es poner de relieve las exigencias de esas normas y la necesidad de que se legisle con el respeto a la seguridad jurídica, de manera que se respeten los derechos de las mujeres sobre posibles colisiones entre el movimiento feminista y los legítimos derechos de las personas transexuales.

Maria Luisa Balaguer Callejón. El feminismo en el siglo XXI. Del MeToo al Queer. Ed. Huso. Madrid. 2021.

Grupo Literario BOCACALLE

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