Estamos en junio. Orgullo. Orgullo gay. Orgullo de maricones, lesbianas, transexuales, asexuales… Orgullo de todo aquel que se sienta diferente, orgullo de los que no tienen que pedir perdón ni tienen que mendigar ningún tipo de justificación.
Orgullo porque seguimos siendo apaleados, porque nos siguen pegando, nos siguen escupiendo; porque seguimos viendo cómo políticos a los que les pagamos el sueldo siguen pisoteando nuestra identidad. Siguen alentando a aquellos que salen a la calle pensando que golpeándonos, insultándonos se sienten superiores.
Orgullo porque no cesa el acoso en los colegios, en el trabajo, en la calle. Orgullo porque ser joven y pertenecer al colectivo sigue siendo un motivo de miedo. Orgullo porque son todavía muchos —en la política, en la calle— los que quieren que nos veamos de nuevo sometidos a terapias porque su Dios les ha dicho que son necesarias, que así ellos van a ganar un lugar en su cielo, sin importarles nuestro dolor.
Por eso hay que seguir defendiéndolo todo. Porque tenemos —sí, tenemos— leyes, pero la calle sigue siendo hostil, la calle nos sigue despreciando. Muchos siguen pensando que somos enfermos y esto hace que aumente la discriminación. Por eso seguimos siendo necesarios en la calle: reivindicando, saliendo, defendiendo el orgullo de seguir siendo nosotros, sin tener que pedir perdón a nadie, sin tener que pedirle permiso a nadie.
Porque entre todos tenemos que defender que el boquete abierto en el muro de libertad no se vuelva a cerrar, porque tenemos que mantener los armarios abiertos.
Por todo eso y muchas cosas más que me dejo, sigue siendo necesario el Orgullo. Sigue siendo necesario como un zapatazo en la calle, un taconazo sobre la mesa, un vuelo de volantes, un brochazo de maquillaje, una lluvia de purpurina, un chorro de brillantina… Porque nosotros podemos salir a la calle como nos dé la gana y saldremos a reivindicar como nos dé la gana. Porque luego, lo mismo, nos vamos de fiesta o nos vamos a casa a descansar, pero estamos en nuestro derecho de ser. Porque, como ya decían en el 77 las pioneras en Barcelona: «No tenim por, som”: No tenemos miedo, somos.
Antonio Romero Arcas
Vocal de Ateneo Diverso
Endorfina Creativa es la responsable del desarrollo creativo y visual de la pieza que acompaña al manifiesto.
La imagen representa la ruptura de un muro como metáfora de las barreras históricas, sociales y culturales que han limitado la libertad, la visibilidad y la igualdad de las personas LGTBIQ+.
La multitud que avanza portando banderas simboliza la fuerza de una comunidad que ha impulsado cambios sociales y la conquista de derechos a través de la reivindicación, la presencia pública y la acción colectiva. Los escombros refuerzan esa idea de transformación y superación de obstáculos.
Además, el tratamiento puntillista de la imagen no responde únicamente a una decisión estética. La construcción de la escena a partir de miles de puntos individuales funciona como metáfora de la diversidad: personas diferentes que, juntas, forman una realidad común y una fuerza colectiva capaz de transformar la sociedad.
En definitiva, la propuesta se centra en la necesidad de seguir derribando muros para garantizar una sociedad más libre, diversa e igualitaria.